Te escuchaba con deleite y con asombro, no es un cuento, tampoco una historia, sino el vivir de cada día, ese que no entendemos, ese que al comprender impresiona.
Escuchaba de ti, lo que tú de otro habías oído, aquello en que te viste reflejado, como me vi yo, al oír tus palabras, como ahora tú ¡mi querido lector! al leer lo que te digo:
"...y si todo tu SER fuera una empresa, cuyo director te dejó a tí toda su gestión por ausencia...
...tomaste decisíones arriesgando, errando y triunfando para equilibrar lo que por costumbre creíste que eran tus "debes y haberes"...
y te aplaudiste y te aplaudo..., pues tirandillo has gestionado como tuya la empresa de aquel que partió.
Pero el dueño ha vuelto ¡mi cielo!, y agradecido por tu gestión, reclama lo que es suyo, pues del proyecto es el único Amo, Señor y Creador.
Y tú ¡mi vida! te enfurruñas como si su vuelta fuera una traición.
¡No, cielo mío!, él contó siempre contigo, y satisfecho está de tu gestión. Seguirá la empresa adelante dando mayores frutos si cada uno conoce su lugar y función.
Pero te acostumbraste, he hicieste tuyo lo que nunca te perteneció, quizás por méritos propios, apropiación. ¿Te das cuenta ¡mi vida! de lo importante que eres para la empresa y de la confianza que por amor puso en ti, en la obra creadora, su Creador?
...¡te veo mirarte y lloras!...
...reconoces al fin que eres sombra, cuya luz te iluminó por aquel que se ausentó, y así le devuelves el abrazo que él al llegar te adelantó"
Alcid.
martes, 5 de enero de 2010
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