Se hizo por un instante el silencio. Pero lo rompiste para hacerlo aún más grande:
- A ti, ¿te duele ahora el corazón?
Y te conformaste con mi sonrisa, sin saciar tu curiosidad. Porque eres inocente, no porque todo te de igual. No preguntaste ¡mi cielo!, quizás, ¡quién sabe! si porque sabías lo que en mi acababas de provocar.
Te sonreí.
Tampoco yo pregunté el motivo de tu pregunta, su raíz. De sobra sé ¡vida mía! quién formuló esa cuestión que salió de tu boca dando de pleno en la diana de mi amor.
Gracias ¡mi cielo!
Gracias ¡mi amor!
Alcid
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario